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Las rebajas más difíciles para el comercio: 25% menos de ventas y un futuro incierto

Con el inicio del verano, el comercio empieza la tradicional campaña de rebajas para dar salida al «stock» acumulado en los meses anteriores. Sin embargo, esta época de descuentos se presenta como la más atípica de los últimos años por la crisis del coronavirus. La pandemia ha precipitado los descuentos y las principales marcas no han esperado al 1 de julio, fecha en la que tradicionalmente se daba el pistoletazo de salida a las rebajas. Desde la semana pasada, Inditex, El Corte Inglés y otras grandes empresas empezaron la campaña.

El objetivo no es otro que conseguir la liquidez no ganada en los meses de estado de alarma. Por la pandemia, el sector ha tenido durante casi tres meses sus tiendas físicas cerradas, lo que ha provocado que sus existencias se acumularan sin poder darles salida, por lo que los ingresos han sido prácticamente nulos. Por su parte, la partida de gastos, a pesar de las ayudas del Gobierno, ha aumentado.

La situación es «delicadísima», como confirma a ABC el presidente de la patronal textil Acotex, Eduardo Zamácola. Y es que las ventas del comercio minorista, donde también se engloba a la alimentación, se desplomaron en los meses de abril y mayo un 31,5% y un 20,2%, respectivamente, con respecto a los mismos meses de 2019. Cifras de terror que repercutieron más en los bienes de equipo y de hogar. Ahora, pese a la vuelta de la actividad y al incremento de ventas que se espera en los meses estivales, Acotex calcula que se facturará un 25% menos que el pasado año.

Las razones de la caída de ventas tienen su punto en común en el coronavirus. Esta crisis ha derrumbado el índice de confianza del consumidor a cifras que no se veían desde 2013, cuando España estaba sumida en la crisis financiera. En época de «vacas flacas» los consumidores miran más el bolsillo y tratan de ahorrar hasta el último euro. A ello se le suma la variable de la seguridad, que provoca que el cliente no salga a comprar tan alegremente por miedo a su salud. «La gente tiene miedo de ir a las tiendas por las aglomeraciones», recalca Zamácola. Por eso, en el conjunto del año, el comercio espera facturar hasta 30.000 millones de euros menos, lo que supone un descenso del 13%, y ya avisó en su día de que hasta la mitad de las tiendas están en riesgo de cierre.

La solución a corto plazo es recuperar la confianza del consumidor, un dato que en junio se espera que sea mejor que en los dos meses anteriores, ya que las cifras de ventas, aunque mucho peores que el año pasado, han acabado siendo mejores de los que el sector esperaba. «En un principio creíamos que las caídas iban a rondar el 50-60% en junio, pero al final ha sido el 30%», explica Zamácola. El presidente de Acotex cree que la causa de unas mejores cifras de ventas de las esperadas ha sido que «la gente ha esperado a que abriera su marca para comprar». A su juicio, las ganas de esos clientes ha hecho que hayan comprado por encima del ticket medio.

Pero una las consecuencias del coronavirus más perjudiciales para el comercio es que se pierde la compra por impulso, ahora todo se planifica más. «El efecto de voy a salir de compras ya no existe entre los consumidores. Salen y compran la prenda que necesitan. Antes salías y si veías un escaparate bonito entrabas y picabas. Eso se ha perdido», lamenta Zamácola. Además, hay que añadir que hay una menor afluencia en las tiendas por las medidas de seguridad que han tenido que adoptar, las limitaciones de aforo y el inexistente turismo.

Tiendas pequeñas en peligro

Sobre la planificación de las compras, desde la patronal de las grandes superficies, Anged, señalan a ABC que «el consumidor realiza ahora una compra más planificada y prefiere encontrar los productos en un solo desplazamiento». Esta organización, que representa a El Corte Inglés, Ikea y Leroy Merlín entre otros, opina que «las rebajas son más importantes que nunca», sobre todo ahora que muchas voces del comercio piden que se vuelvan a regularizar. «Hay que reactivar el consumo de los hogares porque es una cadena de la que no solo dependen los que trabajan con nosotros sino toda la cadena de valor que está asociada al comercio», inciden.

Gran parte de los que piden que se vuelva a la situación de antes de 2012 son pequeños comerciantes, que tras varios meses sin facturar ven el periodo de rebajas como la puntilla que amenaza al cierre de su negocio. La acumulación de «stocks» durante el estado de alarma, la fuerte competencia de grandes empresas y los estrechos márgenes a los que son obligados a vender son las principales razones de estos comerciantes.

De hecho, los pequeños comerciantes llegaron a pedir que se retrasara el inicio de las rebajas de verano ante la situación excepcional que se vivía este año. Una petición de la que se hizo eco hace unas semanas la Confederación Española de Comercio, que denunció que «desde la liberalización hay una guerra de precios salvaje».

Pero no todo el sector está de acuerdo en la regulación. De hecho, recuerdan el susto que se llevaron cuando durante los primeros compases de la desescalada, desde el Gobierno se pretendió, de hecho se publicó en el BOE, prohibir las rebajas en las tiendas físicas. Una norma que el sector denunció como una temeridad e injusta, ya que las promociones en internet sí estaban permitidas, lo que favorecía a las grandes marcas.

Otra de las razones que arguyen quienes piden seguir con el sistema tal y como está es que en la actualidad el comercio físico convive con la venta online, la cual hace promociones y está operativa las 24 horas del día. Por tanto, si se regula la venta física, también debería hacerse la de internet, algo complicado por su carácter internacional.

Apartándose de la polémica de rebajas sí o rebajas no, Zamácola lamenta la oportunidad perdida del comercio para organizarse mejor. «Podíamos haber llegado a un acuerdo entre todos a medio camino para ambas partes. Es decir, trasladar la temporada oficial de rebajas de verano a septiembre y permitir que se pudieran seguir haciendo promociones mientras tanto». Sin embargo, la estructura atomizada del sector y los diferentes intereses de cada uno han hecho imposible ese acuerdo.

Sin apenas contrataciones

La situación de crisis del comercio también afectará al empleo para este verano. En época de rebajas, las cadenas aprovechaban para reforzar sus plantillas, un hecho que este año no va a suceder. Con muchas compañías acogidas a un ERTE todavía, las contrataciones que se hacían otros años serán sustituidas por los propios trabajadores que vuelvan del expediente de regulación temporal.