Buscar

El centro de Valencia, la otra víctima de la pandemia

En la ruina. Uno de cada diez comercios de Ciutat Vella ha cerrado, los vecinos alertan de que la población se estanca y en el Mercado Central piden la reversión de las línea de EMT

 

«En lo que llevamos de año sólo hemos llegado al tope del aforo en tres ocasiones y eso que está en el 50%». El Mercado Central sirve para tomar la temperatura del centro de Valencia, siempre ha sido así, y cuando le va bien al principal mercado de producto fresco de Europa ocurre lo mismo al resto del centro histórico.

El distrito de Ciutat Vella o lo que es lo mismo, la plaza Redonda, la plaza del Ayuntamiento o la Basílica de la Virgen, por citar sólo tres lugares que están en la memoria de todos los vecinos de la ciudad, es el barrio de todos, aunque debido a la pandemia se ha convertido en el de ninguno.

Los problemas vienen de más atrás de la llegada del Covid-19, aunque la crisis sanitaria ha dejado todo más al descubierto. «El problema es que no hay arraigo, las parejas se marchan cuando tienen hijos», asegura el portavoz de la asociación Amics del Carme, Toni Cassola, un veterano en lidiar con el Ayuntamiento para que se desbloqueen inversiones públicas. «La combinación de ruidos por los bares, ocupación excesiva del espacio público y que sólo se reformen viviendas para apartamentos es mortal para Ciutat Vella», dice.

Ese es el motivo de que la población se haya estancado pese al crecimiento de los últimos años, una tendencia frenada en seco por la crisis económica y ahora por la sanitaria. «Estamos siempre en poco más de 27.000 vecinos en los cinco barrios del centro», comenta.

Llegará un momento en que todo esto pasará, las crisis que se van acumulando una sobre otra. Para entonces, cada asociación tiene una «receta» y en el Mercado Central lo tienen muy claro. «La línea C-1 de la EMT tienen que quitarla porque no ha dado el resultado esperado. Tienen que volver a pasar autobuses por la calle San Vicente como antes, al menos dos o tres líneas», dicen en la asociación de vendedores.

Eso y completar una buena red de aparcamientos públicos, donde todas las miradas se dirigen hacia el cerrado de Parcent, que está sin plazo de reapertura después de que el Ayuntamiento no renovara la concesión. Además, subrayan que el parking del Mercat, en la plaza Ciudad de Brujas, tiene cada vez menos plazas de rotación. «Para eso no se hizo», recuerdan del proyecto.

Entre los sectores más tocados por la pandemia se encuentra el del pequeño comercio. La asociación del sector en el centro histórico calcula que al menos uno de cada diez ha bajado la persiana para siempre. «El comercio esta siendo el sector más resistente y colaborador, pero no obtiene respuesta acorde a su enorme esfuerzo», critican, para añadir que no se esta valorando «el día después, con qué desertización nos vamos a encontrar y el coste añadido que eso supondrá para la recuperación económica».

Por último, apuntan un tercer argumento, más bien una carga de profundidad: «Dejar morir a nuestros comercios singulares, autóctonos y auténticos, será otra pérdida insustituible por no escuchar al sector». La entidad ha tenido varios encontronazos con el Ayuntamiento, sobre todo en contra de la remodelación de líneas de la EMT y por la falta de diálogo con algunas concejalías.

Sirva como ejemplo de supervivencia el de Antonio Pastor, tercera generación de comerciantes y con negocios en el paseo de Ruzafa y la calle San Vicente Mártir, además de otra tienda en un centro comercial. «Se habla mucho de los hosteleros», se lamenta, aunque en su opinión «no se tiene en cuenta el esfuerzo que estamos haciendo los comerciantes. También tenemos productos perecederos, decenas de miles de euros en artículos guardados en los almacenes que no sabemos si el próximo año se habrán pasado de moda», explica. A Pastor no le extraña que la situación actual «lleve a muchos a plantearse el cierre del negocio».

La solución para Cassola debe pasar por hacer lo imposible por recuperar vecinos en el centro. «Debe acabarse con las bolsas de suelo de una vez por todas, gravar los solares que permanezcan varios años sin edificar y obligar a vender o subastar a los que no lo hagan», dice una y otra vez, convencido de que es la única manera de que el centro de Valencia recupere el pulso. «Uno de cada tres pisos están vacíos, según los últimos estudios que conocemos y lo único que se reforma ahora es para abrir apartamentos turísticos», afirma.

Las prometidas obras públicas desde hace años parece que están a punto de llegar. La reforma de la plaza Ciudad de Brujas y el entorno de la Lonja es cuestión de tres o cuatro meses, según la vicealcaldesa Sandra Gómez, una vez se ha realizado la adjudicación provisional de las obras.

«Esperamos que escuchen todo lo que tengamos que decirles sobre esto», indican desde la asociación de comerciantes, que había pedido que la reurbanización no se solapara con la de la plaza de la Reina. Eso ocurrirá con toda seguridad, por lo que lamentan que después de un año sin ventas ahora «lleguen las zanjas».

Natalia Tripipatkul, portavoz de la asociación Valencia Excellence, estima que las 60 tiendas de lujo que había antes de la pandemia en las calles Marqués de Dos Aguas y Poeta Querol quedarán unas cuarenta más o menos y aduce que las calles «dan mucha pena cuando cierran los comercios, no pasa nadie. La entidad afronta la salida de la crisis sanitaria con ganas de renovación, tanto en la oferta que se desarrolle en internet como en imagen corporativa. Echan en falta más colaboración del Ayuntamiento a la hora de los aparcamientos. «Tenemos clientes de municipios cercanos a Valencia», justifica, dado que ahora los turistas brillan por su ausencia.